Mucho más que un molinero
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En otros tiempos, la molienda no era juego de niños. No tener un molinero era impensable.
El molinero no era un hombre más de la comunidad. Su saber era precioso y sus conocimientos de mecánica le valían el respeto y la admiración de todos. Trabajador como pocos, se brindaba a su oficio con devoción: los campesinos habrían estado en apuros sin harina para hacer su pan. Por otro lado, el molinero debía ser extremadamente competente para no ganarse el enfado de los labradores.

Podía suceder que el molinero se encontrara en una posición incómoda entre el señor terrateniente y los labradores. Si el señor no cumplía con sus deberes y el molino se encontraba en mal estado de mantenimiento e incluso parado por desperfectos, o si las muelas de piedra eran de mala calidad y estropeaban la harina, el pobre molinero no tenía ningún recurso antes los paisanos descontentos. ¡A nadie le habría gustado estar en su lugar si esto ocurría!