La agudeza de los sentidos, indispensable
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El oficio de molinero no se aprende en los pupitres. Este precioso saber se transmite de generación en generación desde hace siglos.
La profesión se enseña de maestro a aprendiz molinero. Como no puede haber más que un molinero por molino, el aprendiz no asciende a molinero hasta que su maestro deje su puesto.
La molienda artesanal recibió la designación de patrimonio inmaterial de Quebec en el año 2022. En 2023, se lanzó una formación para la transmisión de este saber tradicional.
Más allá de la instrucción, se aprende a hacer buena harina valiéndose de los cinco sentidos. Escuchando los mecanismos, observando, tocando, oliendo, gustando la molienda para evaluar su calidad. Es una experiencia que se gana con el tiempo.

Como en los viejos tiempos
De cierto modo, se puede decir que la molienda artesanal nos transporta al pasado. Se repiten las mismas acciones y se oyen los mismos ruidos que hace 250 años.

El molinero debe aplicar el oído para comprobar que el molino funciona bien. Él escucha el tictac del molino como si se tratara de una melodía. Si se produce un ruido extraño, es como si el molino tocara una nota desafinada: el molinero tiene que actuar rápidamente para prevenir un problema.